Ramonet dice que la juventud europea despierta en el año 2009 con el azote de la crisis, y su rabia ha sonado en Grecia y sonará en el resto del continente. Algo está cambiando. Al otro lado miramos con ilusión y respeto los mensajes latinoamericanos.
El protagonismo de los movimientos sociopolíticos en Latinoamérica no es homogéneo.
En Venezuela y en Bolivia hombres para el cambio profundo han accedido al gobierno; por el contrario, el subcomandante ha renunciado a la izquierda electoral y ha optado por “mandar obedeciendo” en la construcción del territorio indígena liberado y, si quien manda no obedece, fuera y que otra persona “mande obedeciendo”. Así dice la Sexta declaración de Lacandona: “un pueblo que no vigila a sus gobernantes, está condenado a ser esclavo”. La democracia participativa indígena.
En el gobierno o fuera del “mal gobierno” los movimientos latinoamericanos han pasado de ser instrumentos de los grupos políticos a protagonizar la construcción de referentes políticos y, en ocasiones como Bolivia y Venezuela, electorales.
La oportunidad de los nuevos movimientos sociales rupturistas latinoamericanos ha radicado por un lado en la vivencia más dramática del capitalismo neoliberal, basado en la desregulación total y arrojados a los pies de la corrupción y del deterioro incansable de las condiciones de vida; por el otro, en un sistema de partidos políticos ausente de los sufrimientos de la población, a la vez que impulsor de la destrucción del estado social. Un sistema de partidos que arrojaba a enormes sectores de la población fuera de los márgenes de la sociedad y a la miseria.
En este contexto, los movimientos latinoamericanos no tenían aliados dentro del sistema. Sin alianzas han construido sus referentes y, desde su autonomía, se han convertido en los nuevos referentes sociales y políticos de sus países o de extensos territorios. En su conversión en referentes políticos se han llevado la horizontalidad y el asamblearismo. Son los nuevos actores políticos que compiten con los partidos tradicionales para acceder al gobierno y cambiar la sociedad.
En una democracia electoral los partidos compiten por el voto para acceder al gobierno. En este sentido, un movimiento sociopolítico que compite por los votos para acceder al gobierno no se diferencia de los partidos políticos tradicionales. ¿Dónde radica la diferencia? En la honestidad –los partidos tradicionales prometen cualquier cosa para acceder al gobierno y sólo para accede al gobierno-; la concepción de la organización –los partidos tradicionales enfatizan la jerarquía, están gobernados por elites y aspiran a convertirse en la elite referencial de la sociedad-; la concepción del gobierno –de los partidos tradicionales no puede venir el cambio, son rehenes del poder-.
Epi