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Posts tagged unidad abertzale

BYE BYE TONTXU CAMPOS

Una vez vistos los resultados de unas elecciones trampeadas y amañadas, el único resultado medianamente transparente es el descalabro de EA y su salida del Gobierno, algo que, por otra parte, tal vez sea beneficioso para la deseada unidad abertzale.

Desde hace un buen número de años EA ha tenido en sus manos el Departamento de Educación, un departamento tildado de estratégico y que el PNV nunca ha querido para si.

Hagamos un examen somero de la actuación de EA al frente de Educación:

  • La gestión de la Educación ha sido un mero seguidismo de lo pactado por PNV y PSOE. Se han seguido las directrices marcadas desde Madrid.
  • Es especialmente humillante la división en modelos lingüísticos, 2 de los cuales son una fábrica de analfabetos en euskara. Ha habido mucho tiempo para dar la vuelta a éste sistema, con mayorías abertzales y no se ha querido.
  • El nuevo curriculum es una mera copia del modelo español, no ha sido otra cosa que propaganda política, no ha aportado nada a la educación vasca y no se ha tenido en cuenta para nada a los distintos sectores implicados.
  • Respecto a la Escuela Pública vasca, la apuesta de los distintos consejeros de EA ha sido por las ikastolas privadas y colegios concertados. Como ejemplo: asistencia y dinero para Kilometroak, Araba Euskaraz,.., promoción en el apartado didáctico hasta el punto del uso de material de las ikastolas en la Escuela Pública, etc. Todo ello bien pagado con buenos retiros cuando abandonan el gobierno (¿dónde está Oliveri hoy en día?). Todo ello responde a la estrategia de privatización de la enseñanza (también de la sanidad) dirigida por el PNV y orquestada por EA.
  • Se utiliza el mismo mapa escolar que hace 20 años, sin haberse adaptado a los cambios sociales, barrios nuevos, etc. Nula planificación de construcción de centros en barrios nuevos.
  • La estructura del Departamento está anquilosada, poco ágil, burocratizada, no responde a las necesidades actuales, hay muy poco personal euskaldun, no han sido capaces ni de euskaldunizar a sus propios funcionarios.
  • Los altos cargos del Departamento no tienen ni idea de Educación, son meros gestores económicos, trabajan con números y las personas para ellos no cuentan.
  • El consejero ha sido incapaz de reunirse con los sindicatos cuando ha tenido un conflicto laboral de grandes proporciones, primando su relación con los psoeístas de CCOO, antieuskara declarados.
  • Muchos cargos del Departamento no tienen experiencia en Educación, son políticos y gestores económicos. No les importa la educación. Para ellos las personas son números, tienen nula voluntad negociadora y miedo a causar descontento a los unionistas.
  • Gracias al Departamento quien se quiera matricular en la Escuela de Idiomas, tengo que pagar una matrícula, mientras que Inestrillas lo tiene gratis, cosas de ser víctima del terrorismo.

Todo esto y más es la herencia de EA. ¿Lo hará peor el PSOE? Difícil lo tienen. Es muy triste hacer ésta afirmación. ¿Cuántos años se han perdido? ¿Cuántas generaciones?

Txema

partidos políticos y unidad abertzale

Todas y todos sabemos que en lo económico los partidos de izquierda se han derechizado y en lo social los partidos de derechas han asumido postulados clásicos de la izquierda. Es realmente difícil encontrar diferencias de calado entre los distintos partidos políticos mayoritarios. Todos son liberales en lo económico (neoliberalismo capitalista) y democráticos (democracia representativa) en lo social. También sabemos que no es posible el equilibrio entre el liberalismo económico y la democracia social  y por lo tanto la democracia (democracia representativa, no verdadera democracia) está subyugada al sistema capitalista siendo sacrificada cuando las circunstancias lo aconsejan.

En Euskal Herria hay un elemento añadido de gran importancia en el aspecto identitario de los partidos políticos, la dicotomía nacionalista vasco versus nacionalista español.

Ser vasco/a o español/a es únicamente una cuestión de sentimientos, aquel y aquella que se siente vasco o vasca, pues lo es y aquel y aquella que se siente español o española, pues lo es. Hasta aquí no hay ningún conflicto, siendo cada uno y cada una lo que somos; a nadie le molesta lo que son otras y otros.

El conflicto se origina cuando no todos tienen la posibilidad de convertir su sentimiento nacionalista en una realidad, en un estado, en una forma de organización social libremente elegida.

En este aspecto, el identitario, no ha habido un acercamiento entre partidos políticos, todo lo contrario. De esta manera para los/as políticos/as (y sus medios de comunicación asociados) el “conflicto vasco” queda reducido a dos aspectos: por un lado el enfrentamiento entre nacionalismos vasco y español (y francés) y por otro lado el problema de la violencia de un sector del nacionalismo vasco contra el nacionalismo español (evidentemente no hay ningún problema con la violencia del estado español contra el nacionalismo vasco, excepto para quienes la sufrimos).

Pero para las personas que vivimos en Euskal Herria, el conflicto es mucho más complejo, el conflicto es la agresión neoliberal de las corporaciones capitalistas, el conflicto es la globalización como elemento destructor de las identidades locales, el conflicto es la imposición del pensamiento único desde los medios de fabricación de la información, el conflicto es la deshumanización de la sociedad y de las relaciones, el conflicto es la criminalización y represión de toda clase de oposición al sistema,… y también el conflicto es la imposición por la fuerza de límites al desarrollo social y político al nacionalismo vasco.

Sinceramente pienso que los partidos políticos son un obstáculo para la solución de los problemas, y aún más cuando el problema a solucionar es un problema serio, y me refiero tanto al sistema político de partidos como a los propios partidos políticos reales.

Y en el caso de la tan cacareada unidad de la izquierda abertzale: el obstáculo fundamental, también, son los partidos políticos. Los políticos y las políticas son incapaces de olvidarse de sus intereses particulares y sectoriales y pensar en el beneficio colectivo. No pueden, o no saben, trabajar honestamente por un objetivo común, tienen muchísimos intereses particulares que atender y fuertes presiones externas.

Nos dice Tasio Erkizia en el artículo “Crear un movimiento soberanista” publicado en gara del 24 de noviembre: “ se dan bases mínimas para crear un movimiento soberanista unitario, aunque para avanzar en ese camino son imprescindibles los compromisos personales“.

Quizás Tasio tenga razón y ahora sea el momento, pues intentémoslo, comprometámonos. Y como él dice en su artículo, vamos a ser valientes e imaginativos; pues claro que sí, busquemos fórmulas organizativas distintas a los partidos políticos, probemos a crear estructuras sociales democráticas, pero de democracia real, no la democracia representativa que tanto les gusta a los partidos políticos.

Rompamos con los partidos políticos, no somos electores y electoras, y mucho menos políticos o políticas. Somos vascas y vascos de izquierdas que queremos construir nuestra sociedad y para hacerlo debemos quitarnos el corsé, incómodo y rancio, que son los partidos políticos.

La izquierda vasca no debe ser un partido político o un conglomerado de partidos políticos, la izquierda vasca tendría que ser una organización social democrática, independiente, de izquierdas (en lo económico especialmente) y abertzale, entre otras muchas cosas (feminista, ecologista, internacionalista, antimilitarista,…).

Uski

OTRA VISIÓN DE NUESTRA REALIDAD

He leído con interés el trabajo de Txema Flores “La unidad de acción” y he de admitir que me ha provocado muchos comentarios, demasiados para recogerlos en una nota que pretende ser breve.

Su trabajo proyecta una sensación desencantada por la proverbial incapacidad de los vascos para entendernos entre nosotros; y una valoración subyacente de que eso se debe a deficiencias subjetivas. Puede que las haya, pero falta en este análisis un elemento fundamental y determinante: el papel que juegan unos Estados centralistas que nos abocan continuamente a un dilema de difícil resolución por su incompatibilidad: apostar por nuestra integración en dichos Estados o recuperar nuestra soberanía. Dicho dilema es tan viejo como el propio nacionalismo. La suya – o la nuestras- es una historia de desencuentros y también de intentos fallidos por encontrarnos. Léase la historia del PNV desde sus orígenes. Las fuertes tensiones que se generan en su seno tienen que ver siempre con las diferentes posturas que adoptan las partes en su relación con el Estado. Hágase la misma lectura de los años del postfranquismo y se encontrará una continuidad con la historia anterior. No voy a enumerar los incontables intentos frustrados de aproximación abertzale. Cada vez que un grupo reafirma honestamente su voluntad soberanista, tiene que desmarcarse de los vascos integracionistas o es descabalgado por ellos. Ese elemento no es de matiz. Cualquier apuesta de futuro por alcanzar la confluencia seguirá condenada al fracaso si ni hay en su base una decisión firme de recuperar nuestra soberanía. Se trata de una opción subjetiva pero que parte de un dato absolutamente objetivo: la existencia de unos Estados que no quiere reconocer nuestra soberanía.

El artículo de Txema sugiere otro eje en el que no voy a entrar: organización de masas, organización política; la función de cada una de ellas; sus respectivas dinámicas; su relación ¿complementaria? ¿incompatibles?

Parecido déficit encuentro en el juicio que formula respecto a la situación actual que el considera desastrosa: centra todo su análisis en la trayectoria de la izquierda abertzale a la que hace responsable de lo que el considera un desplome general. No dudo que en ella se han producido actitudes burocráticas y decisiones desacertadas pero su análisis, sorprendentemente, omite un dato sustancial: la permanente persecución del Estado. Este se vio forzado a aplicar estrategias contrainsurgentes contra la izquierda abertzale casi desde que ésta nace. No le bastó y hubo de incrementar la represión. Desde hace 25 años el Estado priorizó los ataques contra la base social de la izquierda como objetivo más vulnerable. El plan ZEN se vio reforzado con la implicación de los partidos locales autonomistas (era una de las estrategias del Plan) que comprometieron a la sociedad en la contrainsurgencia. La solidez de la izquierda neutralizó –perdiendo gente en el camino- tan brutal ataque. El Estado tuvo plena conciencia de que también aquella estrategia había fracasado: había mermado el respaldo social pero no había conseguido absorber ni desactivar a la izquierda. Por el contrario, ésta demostraba suficiente fuerza como para promover iniciativas de calado y convertirse en uno de los motores más potentes de cara a un futuro diferente. Al Estado ya no le servía la política de acoso a la base social. Puso en marcha otra estrategia represiva más violenta: el estado de excepción. Endureció reiteradamente el Código Penal, nueva legislación fascista, pactos contrainsurgentes que respaldasen la política de ilegalizaciones y apartheid. Aunque el artículo lo ignora, se trata de una escandalosa agresión imposible de ocultar y que escandaliza a muchos observadores, tanto estatales como internacionales.

El resultado de este ataque total esta a la vista: ilegalización de todas las estructuras políticas y buena parte de las sociales en las que estaba participando de forma activa y entusiasta la izquierda abertzale. El encarcelamiento de tantos dirigentes y militantes es la mejor constatación de que no se habían funcionarizado (me duele leer estas descalificaciones desde la calle y, al mismo tiempo, sus cartas desde la cárcel), de que el Estado no ha podido absorberlos y de que su proyecto político no estaba en desguace. Yo añadiría que, ni estaba, ni está. Aunque el mensaje oficial y oficialista reitera que la izquierda abertzale está terminada (es verdad que ha sido borrada del ámbito institucional), hay muchos datos en contrario. Mantener su presencia y dinámica en estas condiciones abismalmente antidemocráticas es, al menos para mí, una evidencia irrefutable de su vigor.

Comparto la tesis de Txema de que, de cara al futuro, deberemos agruparnos y acumular fuerzas. También, y como una da las más consistentes, la de la izquierda abertzale; pulida en la persecución y -pese a tantos ataques- sorprendentemente viva. Tampoco este aspecto es de matiz; cualquier intento de confluir y de avanzar tendrá que hacerse incorporando con respeto la aportación de nuestros patriotas, los de ayer y los de hoy.

Jesús Valencia

UNIDAD DE ACCIÓN

En éste pequeño país nuestro, cada poco tiempo se suceden diversos terremotos políticos que provocan la esperanza de la ciudadanía y en los que ya, hoy en día, muchos no creen. Han sido ya demasiadas desilusiones.
El último es la unidad de acción entre fuerzas abertzales y de izquierdas. Bienvenido sea. Es algo absolutamente necesario para nuestra supervivencia como pueblo. Es hora de demostrarnos a nosotros mismos que podemos dejar a un lado nuestra historia como banderizos y que somos capaces de construir un Estado moderno.
Es bueno que los partidos políticos hablen, se entiendan, creen estrategias y traten de solucionar el nudo vasco. Pero, la supervivencia de éste pueblo es algo demasiado importante para dejarlo solamente en manos de políticos. Los políticos, tarde o temprano, van a funcionar en función de sus intereses, presiones, lobbys económicos, etc.
En éste proceso en marcha es necesaria la participación decidida de la ciudadanía, de los barrios, pueblos, asociaciones, etc. No corren buenos tiempos para la participación ciudadana pero se debe hacer el esfuerzo de llegar a la gente, implicarla, ilusionarla, hacerla partícipe del hermoso sueño que es construir un país.
Se suele decir que la política todo lo corrompe, y no hay nada más cierto. Aquella unidad popular que conocimos hace algunos años, que se dio en llamar Herri Batasuna, que realmente era un movimiento de base, que aglutinaba a sectores muy diversos, que logró una estructura muy potente, que fue la esperanza de nuestro pueblo, se desvaneció como un castillo de arena en el momento en que se convirtió en un partido político, en el momento en el que el sistema político lo absorbió, en el momento en el que una caterva de funcionarios se hizo con el control, estableció sus propias estrategias y dispersó, quemó a las bases, aquella gente que tanto aportó, luchó y dejó mucha vida en el camino.
No permitamos que ahora pase lo mismo. Pensemos un poco en todos aquellos que se quedaron en el camino, en todo el sufrimiento. Nos merecemos algo mejor que lo que tenemos y tenemos que conseguirlo todos juntos. Vamos a dedicarnos a sumar y multiplicar, no a restar y dividir como ha sucedido hasta ahora.

Txema Flores

Unidad de Acción Abertzale

Pasado el 25 de Octubre, es hora de hacer reflexión. Sin entrar a valorar las acciones conjuntas o unilaterales llevadas a cabo por cada grupo político vasco, debemos valorar cómo y por qué hemos llegado a esta situación.

Por una parte, desde esta dividida izquierda abertzale no cabe más que hacer autocrítica. Los miembros de la izquierda abertzale civil no hemos sabido presionar lo suficiente y animar a los demás partidos a hacer uso del “pase foral”.

No hemos sabido ni podido unir a las fuerzas defensoras de la democracia a llevar a delante la consulta. Desde el primer momento en el que la pseudos-justicia española dijo que el pueblo vasco no tenía derecho a votar su futuro, no supimos hacer frente a los sectores menos valientes del os partidos mayoritarios. Cuando estos dijeron que había que esperar a tiempos más propicios, debimos recordarles que los avances democráticos nunca se han conseguido esperando, sino actuando.
Cada día queda más claro que para que se den avances en torno a la consecución de objetivos democráticos hace falta de una izquierda abertzale civil y plural fuerte, con apoyos sociales. Como ya ocurrió en Nafarroa, tuvimos que convertirnos en la primera fuerza abertzale para poder crear un movimiento conjunto que ha llegado a aterrorizar a populares y socialistas en Madrid.

El PNV, dirigido por los famosos “michelines” se ha demostrado incapaz de crear una alternativa unitaria favorable a la democracia frente al unionismo español, e incluso se muestran favorables a pactar con ellos en busca de réditos partidistas a corto plazo, olvidándose de las necesidades sociales de Euskal Herria.

Poco cabe esperar también de los que se han convertido en sus comparsas políticas. Dirigiendo su nave allá donde sople el viento, han perdido toda referencia y deambulan sin norte, desorientando incluso a sus timoneles Ziarreta y Madrazo, que incapaces de hacer propuestas productivas, se limitan a intentar apropiarse de las propuestas ajenas. En cualquier caso, suficiente tienen con apaciguar los continuos motines que sufren en sus filas.

Quizás los que mejor definido tengan su rumbo sean los de la izquierda abertzale militar. En línea recta al fondo del mar. Torpedeados por el unionismo español siguen culpabilizando de sus males a los únicos que se han solidarizado con ellos y trabajan para revertir su situación. Criminalizan a los que trabajamos (incluso más que ellos mismos) para superar su ilegalización; mientras ellos se escudan en la ilegalización para huir de sus responsabilidades políticas.

Cuando la mayoría abertzale se unió para llevar a delante un proceso de referéndum, estos se negaron a aceptar este proceso al no poder capitalizarlo. Cuando todos los partidos hablamos de referéndum, ellos hablan del TAV. Cuando todos hablábamos del TAV ellos hablaban de referéndum. Y así les va.
Pero si algo ha demostrado esta unión abertzale coyuntural, es que no son necesarios para la consecución de la independencia. Es más, han demostrado ser un freno. Un obstáculo más a añadir a los que ya nos ponen los raptores de las libertades democráticas desde Madrid.

La acumulación de fuerzas independentistas va a ser necesaria en estos momentos. Los “michelines” del partido mayoritario, en su afán por encantar a España, han desencantado a sus votantes, y la izquierda abertzale civil y plural es la única que ha demostrado tener la claridad de ideas y frescura suficiente como para hacer frente al involucionismo democrático dirigido por Patxi Lopez. Este viene a Euskadi como el salvador de España. Ha prometido completar el Estatuto de Autonomía si gobierna. Lo que nos dice al más puro estilo mafioso, es que o le votamos o seguiremos sin las herramientas que necesitamos para crecer social, económica y políticamente. ¿Prefiere que nuestra economía se hunda sino sale elegido? Si no es así, ¿Por qué no lo ha reclamado hasta ahora en todos estos años a su jefe en Madrid?

Lo más seguro, y prometa lo que prometa, es que Lopez terminará haciendo lo que le ordenen desde Madrid, salga o no salga elegido Lehendakari. Seguramente, con él de Lehendakari, el bienestar de los vascos dependerá de los intereses electoralistas de su partido en otros territorios. Y en estos momentos de crisis, la sociedad vasca no puede permitir que su futuro dependa de lo que en cada momento interese en Madrid.

Necesitamos la unidad de acción abertzale. Necesitamos un futuro de bienestar para nuestros hijos. Necesitamos de todas las herramientas posibles para hacer frente a la crisis. Necesitamos libertad total de elección democrática. Necesitamos crear un sistema político no viciado, creado desde cero. Por todo ello necesitamos la independencia de Euskal Herria.Y para conseguirla, cada vez queda más claro que es necesaria una izquierda abertzale civil y plural potente, que desde su posición de fuerza repita lo que ya ha hecho en Nafarroa; que una a todos los partidos defensores de los derechos democráticos y conseguir de una vez por todas la libertad.

Gaizka , Aralarkidea