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Posts tagged modelo social

¿Qué quiere Muskiz?

((publicado en gara el 27 de marzo de 2009))

No es la primera vez que la legitimidad institucional choca con la voluntad de la ciudadanía que representa. Tampoco será la última. Lo que está en juego es, en parte, el modelo social pero, sobre todo, el modelo democrático

Tiene sentido consultar a los y las vecinas de Muskiz si quieren o no la planta de coke? Eso es lo que pretende la Asociación Meatzaldea Bizirik. Se trata de una demanda de consulta que ha surgido desde la ciudadanía, aprovechando las oportunidades que abre la legalidad. Es una petición que va más allá del ámbito de la representación y que no se enmarca en las luchas partidarias. Se ha organizado en la calle y desde la calle ha llegado a la institución, firma a firma, donde ha sido rechazada por la mayoría de quienes ostentan el poder municipal.

Meatzaldea Bizirik no quiere la planta de coke. Muskiz ya ha asumido demasiadas cargas medioambientales y sanitarias generadas por Petronor, y muchos de sus vecinos no quieren incrementarlas. Sin embargo, su negativa no ha encontrado interlocución.

Son numerosos los datos que relacionan esta actividad productiva con impactos negativos sobre la salud. Por eso, quienes se oponen a la planta piden que prevalezca el principio de precaución sobre otros criterios cortoplacistas que, por otro lado, pudieran tornarse en la antesala de la lamentación. Su propuesta pasa por la información, el debate y el contraste de los planteamientos confrontados, aunque, a tenor de la información de que disponen, su posición sea inequívoca: no a la planta de coke.

El proyecto de Petronor está pasando todos los filtros institucionales. Cuenta con el apoyo de las instituciones locales y supralocales. Dicen que los y las representantes ya han decidido, que tienen la legitimidad para ello. ¿Existen razones para preguntar a la ciudadanía de Muskiz tratándose de un proyecto que cuenta con tan amplios beneplácitos entre los representantes políticos? ¿Con qué legitimidad puede la ciudadanía de Muskiz rechazar un proyecto que logra las autorizaciones pertinentes?

En primer lugar, hemos de reparar en que se trata de un proyecto de alto impacto que refuerza las cargas ambientales y sanitarias que soporta la población local. Que ha generado una importante oposición vecinal -oposición políticamente transversal- confrontada con mayorías políticas insensibles a la opinión local. En este sentido, la legitimidad institucional choca con la expresión clara de la legitimidad ciudadana, sujeto último de la soberanía. No es la primera vez que la legitimidad institucional choca con la voluntad de la ciudadanía que representa. Tampoco será la última. Lo que está en juego es, en parte, el modelo social pero, sobre todo, el modelo democrático. La confrontación de la institución con la ciudadanía sólo tiene un modo de resolverse satisfactoriamente: promoviendo la expresión del depositario de la soberanía, esto es, su consulta. Por lo tanto, la pretensión de la asociación opositora favorable a conocer la opinión de la ciudadanía local tiene un fundamento básicamente democrático.

¿Es legítimo el rechazo a un proyecto autorizado? ¿Es legítimo imponer un proyecto, no deseado por la población afectada, por el mero hecho de disponer de una capacidad privilegiada para impactar en la voluntad de quienes toman las decisiones? Se trata de la subordinación o no al imperio de los intereses económicos. Negar la legitimidad a una voluntad respetuosa con los derechos humanos, libre e igualitariamente expresada, equivale a imponer la tiranía de las elites. Esto es trascendental.

Los poderes económicos se emplearán a fondo en la defensa de sus privilegios. Tienen recursos para ello. Asistimos a la contraposición de modelos en la definición del interés general: aquel basado en el criterio de que el interés general lo definen las instituciones, frente al modelo basado en el principio de que dicho interés común se construye de un modo provisional y sostenible, en la deliberación plural y democrática.

Sólo si tiene sentido la construcción colectiva del interés general, en su más absoluta provisionalidad, podremos valorar las cargas que serán consecuencia de las decisiones. Para ello habremos de poner la economía al servicio de la población y no a ésta al servicio de la primera, tal y como ahora sucede. Aun en el caso de que la planta de coke fuera socialmente necesaria, lo que sólo podremos decidir, provisionalmente, a partir de la confrontación igualitaria de todos los conocimientos y saberes, las cargas de esta decisión -los perjuicios- deberían ser repartidos; y, según parece, Muskiz ya ha pagado su peaje. Mientras llega el momento en que, entre todos, podamos definir el modelo económico social que estamos dispuestos a aceptar, que los vecinos y vecinas de Muskiz decidan. Por el contrario, decir que si el proyecto no se hace, se cierra, es un ejemplo del abrazo del oso, de la tiranía de los poderes económicos, y se basa en principios contrarios a la democracia, porque no contempla todas las dimensiones de la decisión: el interés general social- mente construido y el reparto de las cargas. No todo vale.

Parafraseando a un pensador del siglo XVIII, concluiría proponiendo a futuro que obremos de acuerdo con la máxima según la cual podamos desear que se convierta en ley universal o, lo que es lo mismo, no desees para los demás lo que no quieras para ti.

Epi Zurimendia, miembro de Parte Hartuz-UPV

¿HABRIA QUE TOMAR EL PODER O CAMBIAR LA SOCIEDAD?

¿Es posible acceder a las instituciones por una vía distinta a los partidos políticos?

Mi respuesta serian otras preguntas ¿Hay que acceder a las instituciones?, ¿hay que cambiar nuestra forma de pensar y buscar otras vías, otras formas de organizarnos que no sean a través del Estado, otras formas de entender la vida, las relaciones, en definitiva la sociedad?

Siempre se nos ha enseñado que para cambiar el mundo debemos hacerlo desde el Estado, entrando en el juego que el Poder establece. Pero eso se nos ha enseñado porque al Poder siempre le ha interesado. El Estado lo que hace es decirnos “ustedes no lo pueden hacer, déjenos a nosotros, al Estado, que lo hagamos”. Sobran los ejemplos para ver como han acabado todos aquellos que han entrado a jugar en el juego de la política de Estado.

Entrar en este juego no nos llevaría mas que a reproducir todo aquello contra lo que luchamos. Lo cierto es que hasta ahora a lo largo de los siglos el mundo no ha cambiado y las sociedades en las que la revolución ha triunfado no han visto cumplidos ni de lejos los objetivos que dicha revolución había trazado inicialmente. Las revoluciones una vez tomado el poder niegan la improvisación, niegan lo nuevo y se tornan conservadoras.

No existe constancia de que ningún gobierno de izquierdas haya podido poner en práctica los cambios anhelados por todos aquellos que han luchado por conseguirlos. En la mayoría de los casos el resultado no ha sido otro que la reproducción de las relaciones de poder, distintas a las que puede ejercer un gobierno de derechas, pero a la postre relaciones de poder que excluyen al pueblo, reproducen injusticias y continúan con una sociedad en la que las personas no participan en el desarrollo de la sociedad.

Por lo tanto habrá que deducir que el intento de transformar la sociedad a través del Estado es un razonamiento erróneo.

Puede sonar a utopía pero visto que el mundo a través del poder, aunque sea de izquierdas, no ha cambiado, ni cambiará, habría que pensar en la respuesta que daba John Holloway que dice: “Cambiar el mundo sin tomar el Poder”

¿Qué quiere decir esto? Pues que lo que hay que cambiar no es de políticos sino que lo que hay que cambiar es la sociedad.

Nunca ha estado más claro que ahora, en este momento de crisis en el que los bancos y el poder económico se ríen de nosotros a la cara, que el capitalismo es un desastre y una forma catastrofista de organizar el mundo y la sociedad.

El problema no está solamente en las políticas neoliberales llevadas a cabo por las corporaciones económicas mundiales que dirigen el mundo y los estados sino que el problema también está en que el capitalismo es una forma de organización social en la que nos hallamos inmersos todos y todas y más los que vivimos en los países del Norte.

El capitalismo es como un monstruo que no podemos destruir de la noche a la mañana, pero ya que nosotros somos parte de el, si comenzamos a dar pasos en la no colaboración con el capitalismo habremos dado un paso de gigante para destruir a ese monstruo ya que habremos empezado a cambiar la sociedad.

Por lo tanto aquí reside el reto, en cambiar la sociedad.

Cierto es que si pensamos en como cambiar la sociedad esto puede parecernos imposible, pero una cosa esta clara, que no podemos seguir como hasta ahora ya que si pretendemos que cambie algo siguiendo las pautas establecidas por el capitalismo, esto es individualismo, consumismo feroz, el concepto del tiempo, etc., etc. será imposible cambiar nada.

Un ejemplo de lo que estoy intentando transmitir, es el zapatismo. Cuando los zapatistas se levantaron, plantearon una nueva forma de lucha social y las posibilidades de cambiar el mundo de forma radical. Dijeron que querían crear un mundo distinto y no querían ni tomar el poder, ni ser un partido.

Por lo tanto en la situación en la que nos encontramos no podemos hacer otra cosa que intentar cambiar el mundo. Que no sabemos como hacerlo, ahí esta el reto, en imaginar y crear nuevas formas de lucha, en imaginar y crear nuevas formas de organización. Esto ni va a ser fácil, ni se va a poder conseguir ya, todo lo contrario, va a ser difícil, puede que nos estrellemos mil y una veces y nos va a llevar tal vez toda una vida. Pero hay que intentarlo ya que sino volveremos a lo que ya conocemos, con mejores o peores intenciones, pero a lo mismo de siempre.

Iñaki