((publicado en Diario de Noticias de Álava el 19 de enero de 2.009))
asco y rabia nos produce el genocidio del Estado y el Ejército israelí sobre la población palestina de Gaza. Asco y rabia nos produce la conducta de los poderosos gobiernos occidentales. Asco y rabia nos producen las sonrisas de la diplomacia en sus falsos encuentros para detener la guerra. Asco y rabia nos produce el modelo social que provoca esta guerra.
Entretanto, la agresión israelí no se dirige contra un combatiente enemigo. Su objetivo es el castigo a una población que, durante decenas de años, defiende el derecho a su tierra usurpada. La máquina de guerra israelí avanza dejando destrucción y dolor a su paso. Las informaciones que nos llegan de la sitiada Gaza son sencillamente aterradoras. Muerte, destrucción y lágrimas de niños y niñas ensangrentadas.
No escuchamos desde nuestros sillones el dolor del pueblo palestino. Las imágenes que esquivan el cerco informativo son espeluznantes y, seguramente, eludimos los mensajes que nos llegan de esa tierra para seguir creyendo que eso está lejos y no nos afecta. Y, sin embargo, somos responsables. El Estado fanático de Israel no podría imponer su voluntad por la fuerza de las armas si no es con la plena colaboración de EEUU y de los estados europeos de la OTAN.
Este ataque al pueblo palestino no es una disputa regional, es un capítulo más de la imposición capitalista neoliberal en todo el mundo, por un lado intenta eliminar un pueblo que se resiste a desaparecer y que es un estorbo para la gran base económico-militar del mundo rico en una zona de aprovisionamiento de petróleo; y por otro ayudar a las empresas de armamento americanas y europeas a capear la supuesta crisis.
¿Cuántos seríamos capaces de soportar sin ira una micra del sufrimiento que padece el pueblo palestino? ¿qué haríamos viendo la sangre derramada en nuestro derredor de quienes nos son semejantes, de quienes nos son cercanos, de nuestros hijos e hijas? Si toleramos tanto sufrimiento injusto ¿seremos dignos de lamentarnos cuando la ira se cierna sobre nuestras vidas?
Es la lucha de David contra Goliat. Es nuestra responsabilidad que no prodigue la ignominia en nuestra posición privilegiada. Es nuestra elección ser o no Goliat y manchar las manos en sangre inocente derramada o entregarlas solidarias al David, que malherido desde el campo azotado promete justicia a su pueblo vejado y sin implorar a nuestro cómplice silencio interpela. No cabe el silencio.
Epi y Uski