Soy cliente de la Caja VITAL Kutxa de toda la vida. Por dos motivos: 1º porque supuestamente había un control público; y 2º porque parte de los beneficios se gastaban en “obra social”.
No tengo ningún aprecio por los dirigentes de la Caja: Rojo, Gerenabarrena,… creo que son nefastos gestores y que se deben a sus propios intereses partidistas. Pero existía la posibilidad de que, como consecuencia de un cambio político en las instituciones alavesas, hubiese un relevo en la Caja y un cambio de gestión.
También la “obra social” de la Caja me parece algo realmente vergonzante, y como ejemplo: “el Estadio”, club elitista donde la chusma (gitanos/as, emigrantes pobres, parados/as,…) tiene vetada su entrada.
Pese a todo esto no he querido cambiar a un banco privado: BBV, Santander, Caja Laboral,… porque soy un entusiasta de lo público, de lo de todas y todos, de lo compartido, de lo común.
Como decía: estoy cabreado, muy cabreado. Por muchas cosas, pero especialmente por la nueva Ley de Cajas.
Después de darle mucho dinero público (el nuestro) a los Bancos y Cajas (para evitar la quiebra ocasionada por ellos mismos), después de bajar el sueldo de los y las funcionarias (y que va a suponer una bajada de sueldo aún mayor a los y las trabajadoras por cuenta ajena en los próximos meses), después de la reforma laboral (que para los y las trabajadoras temporales significa un empeoramiento importante de nuestras condiciones de trabajo y de nuestro próximo despido y paro), después de todo esto (y mucho más): la Ley de Cajas. Como decía La Polla Records: “…Si más no nos pueden dar por culo…” en aquella mítica canción: nuestra alegre juventud.
Pues va a ser que sí, Evaristo, aún nos van a joder más, y dentro de poco nuestros queridos y queridas políticas nos prepararán la reforma del sistema de pensiones, entre otras muchas medidas pensadas especialmente para nosotros y nosotras.
Pero me voy a centrar en lo que hoy me tiene cabreado: la Ley de Cajas.
Los dos motivos por los que sigo hipotecado en una Caja y no en un Banco se desmoronan ante mis narices: 1º se abre la participación privada (hasta el 50% por el momento) en las Cajas. Dejan de ser entidades públicas, los bancos, las eléctricas, las petroleras,… las corporaciones multinacionales en definitiva se van a apoderar de las Cajas. Al menos el 50% de la “obra social” se reconvertirá en reparto de beneficios para los propietarios de las Cajas. Y el resto de los beneficios se invertirán en los que ellos quieran (clubs elitistas para su uso y disfrute); 2º las instituciones pierden peso en la gestión y en su control (se “profesionaliza”).
¿Y ahora qué?, evocando nuevamente a La Polla, ¿qué tenemos que hacer los que tenemos la nómina domiciliada en una Caja porque queríamos que los beneficios que genera nuestro dinero, y sobre todo nuestras deudas, sirva para algo más que enriquecer a los ricos?
Nos están jodiendo día a día, cada día mucho más, el capitalismo más salvaje y despiadado se está imponiendo con cada medida, con cada decreto, con cada ley.
¿Y qué podemos hacer? Lo que no debemos hacer es quedarnos con los brazos cruzados. Es tiempo de luchar, es hora de cambiar el modelo económico y social, es momento de revolución.
Uski