LA MENTIRA COMO NORMA
La manifestación del sábado en homenaje del policía asesinado por ETA dejó bien claro cuál iba a ser el modelo a seguir por el Lehendakari López en esta legislatura. A diferencia de manifestaciones anteriores, en las que los partidos políticos consensuaban el lema y las intervenciones de la manifestación, en esta ocasión fue el Gobierno Vasco, motu propio, el que organizó la protesta sin contar con ningún partido vasco (una vez organizada informó a los portavoces de los partidos en el Parlamento).
Los representantes de los partidos políticos que de buena voluntad acudieron a la cita para protestar por el asesinato, se vieron secuestrados en un mitin electoralista de la coalición PP-PSOE, en el que se acusó sin vergüenza a los anteriores gobiernos y partidos abertzales de connivencia con el terrorismo.
Malo es que un gobierno convoque una manifestación; se supone que las calles las toman los ciudadanos para expresar sus críticas, denuncias o exigencias a los gobernantes, como método de presión. Que un gobierno convoque una manifestación contra el terrorismo es la más clara admisión de su nulidad y falta de acción a la hora de terminar con el problema.
Pero peor es usar un cadáver aún caliente para hacer electoralismo. Sobre todo para lanzar denuncias falsas contra los representantes de otros partidos congregados frente a él, que a demás reúnen a la mayoría política de nuestra sociedad. En su alocución, el Lehendakari dejó clara la diferencia entre la coalición españolista que él representa y los partidos vascos. Mientras unos buscamos la paz para Euskal Herria, ellos van a exprimir el terrorismo todo lo posible y más para seguir logrando, poner freno a las aspiraciones democráticas de este pueblo por una parte, y votos por otra.
Cada uno es libre de hacer uso de la demagogia todo lo que quiera y más. El problema viene cuando se considera estúpida a la sociedad que representa. El problema es que su demagogia está basada en la mentira. Una mentira tan grande y estúpida que a parte de insultarnos, demuestra su catadura moral.
Decir el miércoles 24, ante su público en Madrid que la manifestación de Bilbo fue consensuada con los demás partidos para seguido decir que el pilar básico sobre el que se edifica su gobierno es la “verdad” resulta patético. Aralar y el PNV no tardaron en explicar lo realmente sucedido.
Pero en Madrid Lopez se vino arriba. Espoleado por los medios de comunicación que han creado una figura legendaria sobre su persona, tuvo que inventarse los grandes “avances” que ha introducido desde que fuera elegido Lehendakari. Se vanagloriaba de ser el primer Lehendakari en jurar su cargo sobre el Estatuto de Gernika, del que dijo emanar su legitimidad. Un Lehendakari puede jurar su cargo sobre el Estatuto, la Biblia o el nº 1 del TMO si quiere, ya que la legitimidad para gobernar se la dan los ciudadanos con sus votos. Y él por cierto no fue el más votado. Incluso después de haber eliminado a adversarios políticos.
También dijo ser el primer Lehendakari en haber invitado a las victimas del terrorismo al acto de investidura. A bote pronto se me ocurre que Jon Idígoras (victima de un atentado en el que murió Josu Zabala, y del que él mismo se libró de milagro) también ha estado en actos de investidura. En cualquier caso, más que por invitar a las victimas, Patxi será recordado como el que invitó a los estamentos militares que masacraron aquella villa.
Dijo dirigir por primera vez el diálogo social en Euskadi, al reunirse con la patronal y los sindicatos. ¿Quería decir Lopez que los demás Lehendakaris no han hablado nunca con patronal y sindicatos? Para iniciar el diálogo social, hace falta escuchar y hacer propuestas. Según cuenta la mayoría sindical de Euskadi, Lopez se limitó a sonreír para las fotos.
Cómo no, volvió a entonar su canción favorita; la de que con él comenzaba la deslegitimación del terrorismo. Insultó a los trabajadores de EITB insinuando que en la cadena pública vasca se jalea el terrorismo. Confunden de manera interesada la pluralidad social de Euskal Herria con la apología del terrorismo. La hipocresía no tiene limites; por ello, entrevistar a un portavoz de Batasuna es apología del terrorismo, pero reunirse con asesinos de ETA no tiene repercusiones. Es más, ha redefinido el papel de la Ertzaintza. Ahora van a pasar más tiempo quitando fotos y carteles que en sus labores naturales. Sólo falta que cambien los coches patrulla por camiones de la basura y las porras por escobas.
Esos son los cambios que Lopez dice haber logrado en Euskadi en mes y medio; fuegos artificiales al gusto de sus fans de Madrid. Pero en realidad poco ha cambiado en nuestra tierra. Los militares españoles siguen jugando al Risk en nuestra tierra, disfrazando la cruz de Gorbea con su bandera. Los partidos españolistas siguen viviendo de la sangre de los muertos. ETA sigue matando. Solo falta que salga Egiguren para volver a decir que el problema de ETA terminará para el 2011.
Es lo que hay cuando se vende tanto humo. Que han terminado por intoxicarse.
Gaizka Gonzalez, Aralarkidea.



