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Archive for abuztua, 2008

TAV: anomalías cruciales

En una reciente entrevista radiofónica al nuevo líder del Partido Popular vasco, éste mantuvo una actitud desacreditadora hacia quienes se oponen al Tren de Alta Velocidad. Las ideas centrales defendidas por Antonio Basagoiti eran las siguientes: en primer lugar, la defensa de que el Tren de Alta Velocidad es una infraestructura esencial para el País Vasco en la medida en que representa el futuro, el progreso, la riqueza y la creación económica; en segundo lugar, que la sociedad vasca debe rebelarse, en un acto movilizatorio, “contra los cuatro anormales que están en contra del futuro y de la alta velocidad en Euskadi”; y, por último, que caso de realizar una encuesta en el País Vasco, el 99 por ciento de los vascos estaríamos “a favor de poder conectarnos en media hora con Vitoria o en dos horas con Madrid”. Y aquí es donde planteamos nuestras objeciones.

Son muchas las personas cualificadas –procedentes de los ámbitos universitario, político y social- que cuestionan el argumento según el cual el TAV, además de ser una infraestructura esencial, representa el progreso; en este sentido, sostienen que la apuesta por el TAV en Euskadi ni responde a una voluntad de resolver los problemas de la movilidad ni de la cohesión territorial, por mucho que reduzcan el tiempo a emplear en la comunicación entre las capitales vascas. Que la apuesta por el TAV sea una opción de progreso significaría que la ejecución del proyecto mejoraría la situación actual. Ahora bien, ¿mejora el TAV la situación actual? ¿respecto de qué? Ciertamente, en función de los indicadores que tomemos como referencia para responder a estas dos preguntas el resultado será uno u otro. Hemos identificado dos criterios para iniciar un análisis de los pros y los contras del proyecto de la alta velocidad: la sostenibilidad y la ciudadanía.

La sostenibilidad. Uno de los argumentos más importantes utilizado en defensa del TAV ha sido el del desarrollo sostenible. Bajo este epígrafe se ha tratado de señalar las ventajas del TAV hacia la movilidad en el sentido de que su ejecución responde a las mayores necesidades de movilidad de las poblaciones modernas, lo que exige realizar una apuesta por la intermodalidad que, en este caso, se realiza aportando una nueva infraestructura de transporte que añadir a las actualmente existentes y a las que se están ejecutando o se proyecta ejecutar en un futuro. Precisamente por esto -una infraestructura más-, desde el punto de vista de la movilidad, el TAV difícilmente puede ser considerado como un instrumento de racionalización de la movilidad sino expansivo, en el sentido de que no responde a premisas de contención de la movilidad sino de complementariedad para satisfacer un crecimiento imparable del transporte, que no reduce el consumo de recursos energéticos sino que lo incrementa (TAV, Super Sur, nuevas Autovías convergentes con la Red Principal anunciada por la Diputación de Bizkaia…); incremento de los consumos que nos conducen hacia el desborde de la capacidad de regeneración del medio ambiente.

Lo que subyace al proyecto del TAV no es solamente la valoración que merezca una infraestructura del transporte sino un modelo de construcción social de alcance global. Se dice que el TAV contribuye a la sostenibilidad porque mejora y moderniza las infraestructuras del transporte en Euskadi, porque reduce los tiempos de viaje entre las capitales, porque garantiza el desarrollo, la competitividad y el empleo, porque beneficia a viajeros y mercancías, porque cohesiona el territorio y porque reduce las emisiones contaminantes. El argumento de que el TAV moderniza las infraestructuras del transporte en Euskadi es cuando menos relativo porque, si bien es cierto que los medios de comunicación han trasladado la imagen de la modernidad a través de las sofisticadas máquinas tractoras de la alta velocidad, también es cierto que las multimillonarias inversiones en las infraestructuras centrales para las elites económico-políticas, destinadas a la conexión de las capitales, significa reducir capital que financie proyectos para una red interior, global y pública que responda a las necesidades de la mayoría de la población, protagonistas de cortas movilidades. Por otro lado, es cierto que el TAV reducirá los tiempos de viaje entre las capitales, pero ¿hace este hecho que nuestras sociedades sean más sostenibles? ¿no sería posible reducir la movilidad y los tiempos de viaje con otra planificación y otra aplicación del importe que supone el convenio centro-periferia para la ejecución del TAV -más de 4.000 millones de euros, de los que el gobierno vasco aportará unos 1.600 millones, sin contar los accesos a las capitales y la conexión europea-?

El argumento de la competitividad, el empleo y el desarrollo esconde el hecho de que la economía se mueve en otros parámetros, y que las crisis económicas llaman a la puerta con independencia del Tren de Alta Velocidad; la crisis actual está evidenciando, además del sustrato cíclico de las mismas, el hecho de que las crisis están más bien asociadas a la voracidad del sistema en materia de recursos –la eufemísticamente denominada “seguridad energética” que alimenta el PIB con las invasiones y las criminales guerras de expropiación de recursos en el golfo pérsico o donde se hallaran- y bienes materiales, y a la especulación financiera cuando menos. Por otro lado, es cierto que el acercamiento entre las capitales significa cohesión territorial, pero la cohesión de lo grande se hace a costa del abandono de lo pequeño, resultando además que, del mismo modo que internet puede representar una herramienta de cohesión no suficiente, por sí mismo el proyecto de la alta velocidad no la garantiza. El TAV corre en la estela del crecimiento, pero sabemos con Amartya Sen (2000) que el crecimiento económico no repercute per se en el desarrollo humano, lo que dependerá del uso que del mismo se haga; desgraciadamente, el PIB también crece con la deforestación, con el expolio, con la contaminación y las guerras… todo es consumo y todo consumo es bueno para el PIB ¿y para la humanidad?. El Colectivo Silence (2006) ya puso el dedo en la llaga al señalar que hay que decrecer en consumo de energía, lo que significa cuestionar el modelo de desarrollo para defender un modelo basado en el crecimiento de los bienes relacionales y sociales. Por lo tanto, la premisa de que el TAV es una infraestructura esencial, de futuro y progreso para el País Vasco representa, si no un sofisma, sí al menos un argumento que debería ser debatido socialmente para, contrastados los argumentos, decidir con responsabilidad.

La ciudadanía. Este deseo de alcanzar una decisión responsable acerca de una infraestructura con tantísimas implicaciones nos introduce en los dos siguientes argumentos esgrimidos por Basagoiti: que quienes se oponen a la alta velocidad en Euskadi son “cuatro anormales” y que una hipotética encuesta nos permitiría conocer que el 99 por ciento de la ciudadanía vasca está en favor de la alta velocidad y de la conexión rápida con las ciudades importantes. En primer lugar, creo que se equivoca Basagoiti al repudiar el concurso de las razones y los discursos plurales en la búsqueda del interés general de la comunidad y, si me apuran, de la humanidad. No brilla su discurso ni siquiera excusado por la frescura del medio radiofónico y desvela, no ya sofisma, sino libelo, difamatorio y autoritario mensaje que pretende sacar de la arena política a quienes no piensan como él y pretenden usar sus razones y conocimientos en el espacio público en pie de igualdad.

Se confunde también al exagerar los apoyos que concita el proyecto de la alta velocidad en Euskadi. Aquí radica el nudo gordiano de la cuestión. Para saber cuántas personas apoyan o no el TAV en la CAPV no es necesaria la realización de una encuesta, sino la consulta a la ciudadanía -luego ya decidirá quien tenga potestad para ello-, puesto que la voluntad de la ciudadanía se conoce primero preguntando y después escrutando. Basagoiti se inclina por la encuesta en detrimento de la consulta, pero la encuesta tiene el inconveniente de perseguir un pronunciamiento que no reune las condiciones de la contrastabilidad; la encuesta no es deliberativa y está sujeta, por lo tanto, a los impactos de las informaciones sesgadas. Nuestra apuesta es por la consulta en un marco deliberativo, una consulta basada en la reflexión colectiva e individual, en opiniones contrastadas, defendidas en pie de igualdad, y por lo tanto, preludio de una decisión responsable.

Seguramente que una mayoría de la ciudadanía vasca estará en favor de una conexión rápida con las ciudades importantes pero, del mismo modo que la declaración de interés general para un proyecto significa, de facto, la negación del derecho a decidir colectiva y socialmente acerca de cuál sea ese interes general de la comunidad, que la creencia de que la mayoría de la población desee acortar el tiempo de conexión entre las grandes ciudades, no nos impida conocer a qué costo vamos a limitar la duración de nuestros traslados, que no sea el árbol que nos impide ver el bosque y, por último, que no sea el TAV, con su entelequia del interés general –designado por los “déspotas ilustrados” de nuestra democracia sesgadamente electoral-, quien ilumine las nuevas derivas de la persona reducida a consumidora y nos precipite velozmente por los dominios del fracaso y la infelicidad individual y colectiva.

Epi